El verano es un buen momento para incorporar nuevos hábitos alimenticios o para corregir algunos. Es, sin duda, la mejor época para introducir en la dieta diaria las raciones sugeridas de frutas y hortalizas, tanto por la variedad como por las condiciones del entorno: el calor, la playa, la montaña… Pero también es un buen punto de partida para recuperar la estupenda dieta mediterránea, de esa que ya hemos hablado en post anteriores y que es recomendada por muchos especialistas: pan con tomate y aceite, gazpacho, salmorejo, verduras asadas o rehogadas, quesos ligeros, frutos secos, una amplia variedad de pescados, carnes rojas y aves. Cada día es más fácil hacerlo, con lo fácil que nos lo ponen para conseguir los ingredientes necesarios o para recurrir a versiones preparadas con muy buenos resultados.

Una buena forma de acostumbrar a la familia a consumir frutas y verduras, es a través de la preparación de zumos. Hay máquinas especiales para ello y las combinaciones son infinitas: melón, sandía, melocotón, kiwi, piña, naranja, zanahoria, hierbabuena, fresas, apio, pera, plátanos, etc. Un vaso de zumo por la mañana, y ya tendrán en el cuerpo una buena parte de la ingesta diaria recomendada. Hay que aprovechar que los días de calor invitan a consumir más de estos productos, porque nos permiten no solo recuperar agua en el cuerpo y rehidratarnos, sino también minerales y vitaminas que eliminamos a diario.

La creación de estos hábitos en época de vacaciones, donde los menores están más receptivos que durante el curso escolar, es una buena forma de arraigarlos dentro de la vida cotidiana y luego aplicarlos en el hogar y en la escuela. ¡Hagamos el esfuerzo!