El agua del grifo es un servicio público al que todo ciudadano tiene derecho y en cuya calidad debe trabajar y asegurar la Administración mientras que, las aguas minerales son un producto alimentario y se rigen por una legislación específica y distinta de las aguas de consumo público.

Con motivo del 33º Congreso Nacional de SEMFYC (Sociedad Española de Médicos de Familia y Comunitaria), el Dr. Francisco Maraver, Presidente del Comité Científico del IIAS y Profesor Titular de la Cátedra de Hidrología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, impartió la ponencia “Diferencias entre el agua del grifo y el agua envasada”.

Durante esta ponencia, el Dr. Maraver ha expuesto los distintos aspectos que diferencian al agua envasada del agua del grifo, dos productos completamente distintos pero complementarios.

En primer lugar, el Dr. Maraver, ha recordado que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), en sus opiniones científicas de 2010, recalca la importancia del agua de bebida como elemento nutritivo. Sin embargo, la normativa que rige las aguas potables ordinarias o del grifo, (RD 140/2.003, de 7 de febrero), se basa más “en términos de seguridad y salubridad para el consumidor que en sus valores nutricionales”, ya que independientemente de su origen, en la mayoría superficial (ríos, embalses, desaladoras), su contenido mineral y sus características físico-químicas no son constantes, pues les afectan condicionantes externos como el régimen de lluvias, los vientos o la temperatura, entre otros.

Además, en las plantas potabilizadoras y desaladoras, éstas son sometidas a diferentes tratamientos: correctores de pH, fluoración, coagulantes/floculantes, filtración, desinfectantes/oxidantes, inhibidores de la corrosión, adsorbentes, agentes reductores, algicidas. (Orden SCO/3.719/2.005, de 21 de noviembre). Por tanto, nunca tendremos la certeza de que el agua del grifo que se ingiere hoy sea idéntica a la de hace 60, 90 ó 180 días.

Para el Dr. Maraver, atendiendo a estas premisas, “no es razonable equiparar las aguas de grifo con las aguas minerales naturales envasadas. Estas últimas se rigen por el Real Decreto 1.798/2010, de 30 de diciembre y se caracterizan porque, además de ser bacteriológicamente sanas, tienen su origen en un estrato subterráneo; esto las distingue de las restantes aguas potables, ya que su naturaleza se mantiene invariable en el tiempo, al no afectarles condicionamientos externos y debiéndose por ley, proteger la pureza original del acuífero contra todo riesgo de contaminación. Además, el envasado de las aguas minerales se hace a pie de manantial sin sufrir ningún tratamiento químico ni microbiológico, ya que son sanas y puras en origen. Por todo ello, a la pregunta de si el agua mineral natural y el agua del grifo son lo mismo, la respuesta es no, sin duda no”.

Por tanto, el agua del grifo es un servicio público al que todo ciudadano tiene derecho y en cuya calidad debe trabajar y asegurar la Administración mientras que, por su parte, las aguas minerales son un producto alimentario y se rigen por una legislación específica y distinta de las aguas de consumo público.

Igualmente, el Presidente del Comité Científico del IIAS, ha destacado la trascendencia del agua mineral natural como alimento nutritivo básico, que nos aporta una composición constante en minerales con posibles efectos beneficiosos para nuestra salud y muy útil para segmentos concretos de la población.

Conoce los valores de las aguas minerales naturales

El IIAS, en su labor de informar sobre las características y propiedades de las aguas minerales, quiere recordar que las aguas minerales naturales:

· proceden de acuíferos subterráneos y están protegidas de cualquier tipo de contaminación;

· llegan a nosotros envasadas con la misma pureza que presentan en el manantial;

· son sanas desde su origen, por eso no requieren de ningún tratamiento químico ni microbiológico para su consumo;

· tienen una composición constante en minerales que podemos leer en sus etiquetas, por eso siempre sabemos lo que bebemos;

· su composición mineral depende de las rocas por donde se filtran de forma natural, así como el tiempo, profundidad y temperatura de su recorrido en el subsuelo;

· se comienzan a envasar debido al auge de los balnearios de los siglos XIX y XX y a la demanda de los consumidores de seguir beneficiándose delos efectos beneficiosos de estas aguas en sus casas;

· gracias a su envasado a pie de manantial se consigue que el producto llegue a nosotros tal cual se encuentra en la Naturaleza;

· no hay dos aguas minerales iguales. En España existen más de 100 variedades distintas;

· son una manera saludable de hidratarnos, ya que nuestro cuerpo es en un 60% agua;

· no necesitan nunca ser hervidas para preparar alimentos infantiles, ya que son puras en origen y su pureza se mantiene intacta una vez envasadas;

· son una bebida ideal desde la infancia y, al tratarse de un producto tan sano, natural y que no aporta calorías, su consumo supone un hábito saludable para prevenir el sobrepeso.

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz