Nos encontramos enfermos o disfrutamos de buena salud, según la química de nuestras células. Existe en nuestro organismo una estrecha relación entre lo físico, lo somático, lo psicológico y lo intelectual. nuestra salud tanto física como mental y por lo tanto nuestros estados de ánimo, pueden estar debidos a una mala o correcta alimentación.

Cuando las células no reciben los nutrientes que necesita, se produce en el organismo una carga de estrés metabólico muy importante y con importantes repercusiones orgánicas. El método fundamental para combatir el estrés pasa por una alimentación y nutrición adaptada a esa situación funcional. La adopción de unos hábitos adecuados, como la relajación y el ejercicio junto a una dieta completa y equilibrada puede ayudarnos a luchar contra el estrés. El ejercicio físico moderado tiene consecuencias inmediatas en la reducción de factores de riesgo cardiovasculares, mejorando la capacidad funcional del corazón pero además, la actividad física es causante de una mejora en la autoestima que produce beneficios en la hipertensión, osteoporosis, crisis diabéticas y varios trastornos  psiquiátricos.

Pero, ¿por qué es importante además una nutrición adecuada?Pues simplemente porque la correcta alimentación ayuda a nuestro estado de salud ya que afecta a la eficacia con la que nos enfrentamos a una situación de estrés. Desde el punto de vista de la nutrición las situaciones de estrés, tanto aguda como crónica, repercuten directamente sobre el sistema inmunitario, disminuyendo las defensas corporales frente a las agresiones externas e internas.

La relación entre el estrés y la ingesta de alimentos ha sido demostrada ampliamente, hay aspectos del estrés que favorecen situaciones de anorexia y otros que sus efectos son opuestos e inducen situaciones de altas ingestas de alimentos estimulando el apetito. Todos conocemos esta dualidad hablando de cómo los “nervios” me quitan el hambre o como cuando estoy estresado no puedo parar de comer. En este último caso, una situación prolongada de estrés puede llevar al sobrepeso y obesidad. En cualquier caso, el estrés severo o prolongado puede afectar, de forma significativa a nuestra salud y por lo tanto a nuestro rendimiento laboral y lo que es más importante a nuestra calidad de vida.

Desde el área de la alimentación podemos ayudar a reducir los efectos del estrés. Si el estrés forma parte de tu vida diaria debes tratar de aliarte con la alimentación adecuada para evitar que llegue a superarte. Como primera medida la persona sometida a estrés debe marcarse un objetivo, mantener  un peso adecuado. Esto significa que debemos desarrollar una actividad física moderada y continuada y tener una alimentación sana y adecuada a nuestra activida diaria. Este objetivo permitirá un mejor ajuste metabólico y una situación psíquica estable.

De forma general las directrices a seguir en estas situaciones se basan en una alimentación rica en hidratos de carbono, adecuada en proteínas, con un alto contenido en antioxidantes vegetales y en alimentos inmunopotenciadores. Podemos ayudarnos con la pirámide alimentaria para adecuar correctamente nuestra dieta. Esto a nivel práctico se traduce en comidas en las que se incluyan, al menos, 1 -2 raciones de hidratos de carbono ( pasta, pan, arroz) preferiblemente integrales. Las raciones de proteína deben ser preferentemente de pescado y mejor si es azul ( atún, bonito, boquerón,etc)  o legumbres y solo de forma esporádica, carne. El consumo de moluscos( almejas, ostras) puede ayudar por su alto contenido en zinc. Diariamente deben incluirse más de 5 raciones de verduras y frutas, incluyedo 2 de verduras no cocinadas y al menos 2 de cítricos.  Por último, es aconsejable incluir en el desayuno y en la cena un lácteo. En definitiva, una dieta variada y rica para que se fortalezca el sistema inmunológico y así estar protegido de las enfermedades y problemas que acarrea el estrés.

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz