El alumnado con altas capacidades intelectuales, también conocidos como estudiantes superdotados, alcanza en España -según las últimas cifras oficiales del Ministerio de Educación para el curso 2008-2009- la suma de 4.857, repartidos en todos los niveles formativos de los centros públicos, concertados y privados. No obstante, las cifras de los que todavía están sin diagnosticar va desde los 150.000 a los 300.000. Esto nos da una idea clara de que todavía queda mucho camino por delante para la detección, identificación y solución de este tema en materia no solamente educativa, sino también familiar, social y sanitaria.

La duda habitual, de todas formas, que surge ante la educación de estos niños y jóvenes es cómo enfrentarla. Y las teorías al respecto son, también, numerosas. La apuesta que se está llevando a cabo España en la actualidad -por distintas razones- es no apartarlos del grupo, ya sea en centros especiales o en clases exclusivas, sino que apunta hacia la diversidad y la inclusión. “Se trata de pensar que en una clase tenemos alumnos que pueden seguir el ritmo normal sin problemas, otros que van a tener ciertos problemas de aprendizaje y, lógicamente, algunos que pueden avanzar más, que disponen de unas capacidades y posibilidades por encima de la media. Pero siempre deberíamos mantener la idea de una clase heterogénea avanzando desde unas referencias comunes y trabajando juntos, evitando estructurarlos en grupos “etiquetados” con currículos diferenciados“, explicaban en Cuadernos de Pedagogía (febrero de 2011), José Luis Bernal y Tatiana Gayán, profesores de la Universidad de Zaragoza.

Los autores proponen esta inclusión porque, “No es necesario adjetivarlos y agruparlos como alumnos que se vean diferentes, sino detectar cuáles son sus capacidades y posibilidades, y tratar de responder a su potencial“.

Fuente: Cuadernos de Pedagogía – Ministerio de Educación