España es el país de Europa con mayor tasa de obesidad, ya que afecta a uno de cada cuatro adultos y a uno de cada tres niños. La obesidad es una enfermedad compleja, habiendo pasado de ser considerada únicamente un problema de peso a tener asociada la existencia de trastornos de la conducta alimentaria y trastornos mentales comórbidos. Durante el VII Congreso Nacional de Ansiedad y Trastornos  Comórbidos el doctor Josep Ramón Domenech aseguró que “Entre un 50 y un 70% de  las personas con obesidad pueden presentar algún tipo de trastorno psíquico asociado. Los pacientes obesos tienen una probabilidad más alta de padecer trastornos psíquicos, al igual que los pacientes con enfermedades mentales tienen una probabilidad elevada de padecer obesidad” y según el Dr. Salvador Ros, presidente de la Asociación Española de Psiquiatria Privada (ASEPP), “más de un 20% de la población mundial sufre ansiedad sin saberlo. En España afecta  a más de seis millones de españoles, causa un absentismo laboral de un 10%,  un 7% más que la media de los países europeos estimada en un 3%”. “Interfiere en todos los aspectos de la vida de una persona incitándola, en un porcentaje altísimo de los casos, al consumo de drogas, de alcohol, de todo tipo de sustancias adictivas o incluso al suicidio”.

Estudios recientes aseguran que debe darse un abordaje multidisciplinar a la hora de tratar un paciente con un trastorno de salud mental asociado a la obesidad. “Dichos estudios sugieren que el fallo de muchos pacientes a la hora de seguir una dieta para perder peso puede deberse a la existencia de un trastorno mental, fundamentalmente de ansiedad, no tenido en cuenta o no  tratado”, explica el doctor Domenech. “Si se logra controlar el trastorno de ansiedad asociado, las posibilidades de que una dieta para perder peso sea exitosa se incrementan notablemente”, concluye.

Sin embargo y en palabras del doctor Ros, “el 50% de los pacientes no responde a los tratamientos para la ansiedad”. Datos que reflejan “la dificultad que en algunos casos surge a la hora de poner freno a esta patología, asociada también  a cuadros complejos de trastornos de la personalidad, o factores ambientales adversos”. “Estamos haciendo un gran esfuerzo en este campo para reducir esta importante cifra de pacientes con resistencia a las terapias y, en este sentido, se han conseguido avances gracias a la asociación de distintos tratamientos y la potenciación de algunos de ellos”, indicó el doctor Ros.

Ansiedad, prevención y tratamiento

La persona que sufre problemas de ansiedad, síntomas físicos no asociados a ninguna enfermedad médica, insomnio, angustia, cansancio injustificado, incremento de consumo de tóxicos o alteraciones de la alimentación, “debe acudir al especialista para solicitar ayuda”, sugirió el Dr. Ros. “Los tratamientos farmacológicos, antidepresivos y/o ansiolíticos de forma controlada, los cambios en hábitos de vida, deporte, alimentación, no consumo de tóxicos, vida familiar y social, hobbys y las terapias psicológicas pueden ayudar a reconducir el problema y evitar su cronificacion o la aparición de otros trastornos añadidos”, añade.

En este sentido, “la situación actual de incertidumbre y estrés afecta de forma evidente e importante”, comentó el doctor Antonio Arumí, secretario de la ASEPP. Según indicó este experto, los últimos  estudios reflejan que “la franja de la población con más ansiedad es la de 50 a 65 años seguida de la de 40 a 50 años”. Parados, amas de casa y autónomos son los sectores más afectados por esta patología, es decir “la franja de edad de las personas con más carga y responsabilidad económica-familiar y los sectores con más laboral, bien por la precaria situación económica o bien por los niveles de estrés que soportan”, matizó el Dr. Arumí. También se ha observado un aumento del consumo de tóxicos como tabaco y alcohol y un mayor desorden en la alimentación, “todo ello- concluye este experto- parece consecuencia de la situación actual”.

Depresión, cambios en el perfil del paciente

Al igual que en los casos de ansiedad, “los pacientes con trastornos del estado de ánimo tienen una probabilidad más elevada de padecer algún otro tipo de trastorno mental, como  trastorno de  ansiedad, trastorno por consumo de tóxicos, trastornos de la conducta alimentaria, patologías orgánicas asociadas, como enfermedades neurológicas, endocrinas, metabólicas, digestivas y reumatológicas”, aseguró el doctor Domenech. Se estima que un 20% de la población padecerá algún trastorno del estado de ánimo a lo largo de su vida. Sin embargo, asegura este experto, “más de la mitad de las personas que sufren una depresión no solicitan ayuda, ignoran que padecen una depresión o son incapaces de solicitar ayuda especializada y eficaz. Otra gran parte no son diagnosticados de trastorno depresivo al enmascararse como algún tipo de patología orgánica o psicosomática y también ha de tenerse en cuenta que muchos abandonan el tratamiento prematuramente, incrementándose las tasas de recaída y fracaso terapéutico”.

Según afirmó el doctor Domenech, “en un tercio de pacientes se trata de un trastorno crónico que conlleva una discapacidad y una carga socioeconómica asociada muy importante”. En los últimos años, se está observando un importante cambio en el perfil del paciente con depresión: “Históricamente, los casos de depresión se han dado en el doble de mujeres con respecto a los hombres. Sin embargo, se ha constatado una tendencia a equilibrarse este porcentaje de pacientes depresivos por sexos”. Este incremento, explicó este experto, “puede venir motivado por una mayor capacidad de poder asumir que un hombre pueda padecer un episodio depresivo y probablemente también como resultado de la precariedad laboral actual”.

La depresión, como cualquier otro trastorno mental, debe seguir un tratamiento multidisciplinar. En primer lugar, es importante establecer un correcto diagnóstico que ha de ser explicado de forma clarificadora al paciente y a su familia. “Las depresiones requieren tratamiento tanto para quien las padece como para su entorno familiar”, aseguró el doctor Domenech. “Se ha de seguir un tratamiento farmacológico y psicológico durante un período de tiempo suficiente y se ha de dar al paciente y su entorno estrategias adecuadas de modificación cognitiva y conductual. No sirve tan sólo aplicar el tratamiento farmacólogico, si no que hay que enseñar estrategias para superar con mayor rapidez y eficacia la enfermedad”, concluyó el Dr. Domenech.

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz