Llevamos varios días hablando sobre los peligros y sobre la incidencia del sobrepeso y obesidad. Sin embargo, algo sigue fallando. Y digo esto porque recientemente hemos leído en la prensa que la calidad de los comedores escolares está en entredicho. Pero no, no seamos comodones y le echemos la culpa a la empresa de catering.

A los más pequeños hay que educarles no solo en materias “tradicionales” (lease “mates, lengua o cono“) sino que también es indispensable educarles en nutrición y gastronomía. ¿Y por qué? Porque un niño al que no se le ha enseñado toda la amplia variedad de alimentos (y sus combinaciones) que ofrece nuestra Dieta Mediterránea, es muy difícil que lo demande él solo cuando sea mayor. Entonces será más fácil que ese adulto descuide su alimentación provocando problemas de obesidad entre otros.

La prensa ha anunciado que la calidad dietética de los menús escolares ha empeorado en los últimos tres años. Hay un 10% más de colegios respecto a 2008 que no ofrece verdura al menos una vez por semana y casi se cuadruplican los que abusan de los precocinados (del 5% en 2008 al 20% en 2011). Además, se ha observado que un 10% más de los menús se excede en los dulces por ofertarlos dos o más veces por semana. Uno de cada 10 centros suspende por esta práctica nutricional incorrecta.

Pero la culpa no es de los servicios de catering que tienen las contratas. No. La culpa es de los padres y educadores.

En muchas ocasiones ocurre que el dietista que elabora los menús lo hace estupendamente. Le queda un menú redondo en cuanto a raciones de fruta y verdura, fritos, dulces, proteínas… Pero cuando llega el niño a comer y se encuentra espinacas de primero y pescado de segundo dice que no le gusta, y no come. Obvio que llega a casa por la tarde con un hambre voraz. Cuando en una semana esto pasa 2-3 veces, la madre o el padre llama al colegio diciendo que PAGAN PARA QUE EL NIÑO COMA.

La siguiente llamada la hace el director del colegio a la empresa de catering diciendo que a los niños no les gusta la comida, y que o ponen remedio (lease servir fritos, preconcinados, bollería…) o les quita la contrata.

Al final el nutricionista se queda con las manos atadas, y tiene que servir esos platos que todos sabemos que los niños se comen sin rechistar. El resultado en el futuro es el que ya hemos comentado…