La respuesta no es fácil. Pero para dar unas pautas iniciales a tener en cuenta contamos con la ayuda de nuestro “Cuaderno de Recursos” que dedica su segundo número a estos trastornos.

“Para realizar un diagnóstico, primero ha de detectarse el problema. Son los padres y los profesores los que deberían formular la primera sospecha y hacer los trámites oportunos para que el niño fuera valorado por un especialista”.

Pero cómo hacerlo. Simplemente mediante la observación objetiva y permanente de nuestros niños y niñas. Sus conductas nos podrán dar pautas de que algo puede estar ocurriendo: si muestran pérdida del control de las emociones o de la regulación de las mismas, si tienen problemas para iniciar y acabar actividades, si disminuye el rendimiento en la escuela o si hay dificultades en la memoria o en la velocidad de aprendizaje, son indicios que nos pueden alertar claramente de la presencia de algún trastorno que puede ser o no un TDAH. Lo importante es recurrir a un especialista en caso de que tengamos alguna sospecha.

“Una vez delimitado el problema, el niño deberá ser examinado detenidamente, contemplándose las opiniones de padres y profesores para realizar distintas valoraciones:

  • Valoración clínica, para apreciar la presencia de los criterios diagnósticos del trastorno y descartar otras enfermedades que tuvieran una presentación similar.
  • Valoración psicopedagógica, para cuantificar aptitudes y existencia o no de fracaso escolar.
  • Valoración psicométrica. Mediante tests neuropsicológicos se intenta objetivar las dificultades en capacidad atencional, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento mental, parámetros que corroborarían un TDAH”.

Es una buena forma de comenzar a prestar atención, de tomar una actitud activa y de identificar un trastorno que si es tratado de forma adecuada, puede traer muchos más beneficios tanto para quien lo padece como para su entorno.

Fuente: Cuaderno de Recursos Nº2