Padres y madres muchas veces se preocupan en exceso de la alimentación de sus hijos. Está bien estar pendientes de lo que comen y transmitirles pautas de responsabilidad y equilibrio, pero no se puede vivir obsesionado con este tema. Conozco casos donde la hora de la comida se convierte en un campo de batalla, ya no porque la ingesta sea lenta y problemática, sino porque los pequeños no pueden dar un bocado sin que sus padres los estén controlando.

Por todos es sabido que los extremos no son la mejor respuesta. Y, según diversos foros de alimentación, no hay mejor solución que compensar sin caer en largas negociaciones: un helado por una fruta; si quiere un poco de chocolate, más tarde tendrá que ingerir una taza de verduras; o un puñado de frutos secos a cambio de esas cuñas de queso antes de comer. Si se excede con un buen bocadillo, una ración prudente de pescado o pollo con ensalada será más que suficiente para equilibrar la ingesta del día. Pero esto debe hacerse con serenidad, con paciencia, explicando o jugando con un valioso conocimiento que debe ser transmitido a nuestros hijos e incorporado a su rutina: la alimentación saludable.

Un punto en el que coinciden los expertos y los participantes de estos foros es en la importancia que adquieren los padres dentro de los patrones de conducta alimenticia de los pequeños. “Los adultos deben estar atentos a qué alimentos eligen y cómo y en qué cantidades los consumen“, explican.

La web Guia Infantil propone, de la mano de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles, cuatro pautas esenciales para una buena alimentación:

1. Que el niño o niña aprenda a comer por sus propios medios.
2. Que los más pequeños estén abiertos a probar nuevos gustos y sabores en la alimentación.
3. Con hábitos de sociabilidad, limpieza y calma durante las comidas.
4. Regularidad en el horario de las comidas.

De igual manera, dedica un interesante artículo al cambio que la pubertad y e inicio de la adolescencia provoca tanto en los hábitos alimenticios como en las características fisiológicas de niños y niñas, para que como padres seamos capaces de entender el proceso de desarrollo físico que se produce y también seamos capaces de explicárselo, para que todos esos cambios sean asumidos con naturalidad y de forma responsable e informada.

Y es que ellos, nuestros hijos e hijas, son capaces de reconocer los alimentos saludables y los que no lo son (se ha probado en las experiencias prácticas en la escuela que ya hemos citado en post anteriores). Pero no podemos perder de vista que son niños, que su actividad es continua (si no lo es, ¿qué estamos esperando para ponerlos en marcha?), que están creciendo y que es la etapa de la vida en que se pueden permitir ciertos lujos. Un bollo o una chocolatina no son la fuente ideal de nutrientes, pero uno de vez en cuando no va a afectar su estado físico o su salud. Por eso hablaba de compensación y equilibrio, dos palabras que nos ayudarán a todos a relajarnos a la hora de comer, aprovechando todo el potencial comunicativo-afectivo que implica un espacio para compartir, y a que aprendan no solo nociones de nutrición adecuadas para su edad, sino también una idea de responsabilidad al tener que ser conscientes de sus propios actos, en este caso, alimenticios.

Fuente: Guía Infantil