Almacenar adecuadamente los alimentos es fundamental para prolongar su vida útil y evitar infecciones alimentarias.  Gestionar mejor la despensa supone comer de forma más segura y tirar menos comida.

Lo primero es comprar con cabeza, no hay que adquirir demasiados productos y es fundamental fijarse en su fecha de caducidad o de consumo preferente. Así se evitan problemas y que muchas cosas acaben en la basura sin abrir.

Una vez en casa, es importante intentar mantener la cadena de frío de los productos congelados y meter enseguida en el frigorífico los alimentos frescos para impedir la multiplicación de los microorganismos que pueblan su superficie.

A la hora de colocar estos productos en la nevera se recomienda almacenar los productos más perecederos, como la carne y el pescado, en las primeras baldas del frigorífico, que, generalmente, guardan una menor temperatura. Los productos cocinados en la parte superior de la nevera y los crudos en la inferior.

Lo que sí debe considerarse una regla básica, es la separación de alimentos para evitar contaminaciones mutuas. Por ejemplo, no deben guardarse las cebollas o las patatas junto a los tomates.

Fuente: El Mundo