Una vez más, aparece una recomendación dietética como noticia de varios medios. Ya estamos acostumbrados a leer recomendaciones sobre el consumo adecuado de frutas y verduras, el agua que debemos beber o  la ingesta de proteínas que nuestra dieta debería aportar. Esta vez son las carnes rojas las protagonistas de las noticias.

No es una cuestión de hoy, plantearnos las consecuencias que tiene el mayor o menor consumo de este tipo se carnes, sino que desde hace años se le ha considerado de notoria importancia. De una forma muy didáctica, la pirámide de alimentos  nos indica las recomendaciones nutricionales sobre la frecuencia de consumo de las carnes rojas, situándolas en la parte superior, acto seguido a dulces y grasas.

Por tanto, como ya sabíamos, el consumo de carnes rojas  debería ser ocasional, pero lo que no teníamos antes de este estudio eran datos tan concretos y concluyentes sobre las cantidades que deberíamos consumir y los efectos que conlleva superar esos límites.

El estudio publicado ayer en la revista “Archives of Internal Medicine” fue llevado a cabo durante más de dos décadas por el departamento de nutrición y epidemiología del Colegio de Salud Pública de Harvard con más de 120.000 hombres y mujeres americanos.

En el estudio  liga un incremento del 13% en el riesgo de mortalidad por cualquier causa a personas que consumen de una ración diaria de carne roja sin procesar, como podría ser un solomillo de ternera, mientras que el incremento de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular  fue del 18%.

 Por otro lado las personas que consumen a diario carnes rojas procesadas, entre las que se encuentran el Bacon y las salchichas, se asocia a incrementos del 20% en la probabilidad de mortalidad  por cualquier causa mientras que sería del 21% por enfermedad cardiovascular y 16% de muerte por cáncer.

No es sorprendente ya que la carne roja ha sigo ligada a incremento de riesgo a padecer enfermedades crónicas como las enfermedades cardiovasculares y el cáncer”.” Lo que sí es realmente sorprendente es la magnitud del riesgo asociado al consumo de cantidades realmente moderadas” dijo el doctor Frank Hu.

Tal como explica el investigador, la carne roja, y especialmente la procesada, contiene ingredientes que ya han sido asociados a un mayor riesgo de enfermedades crónicas como las cardiovasculares y el cáncer. Éstos incluyen grasas saturadas, sal, hemoproteínas de hierro, nitritos y ciertos agentes carcinógenos que se forman durante el proceso de cocinado.

A su vez, el estudio  mostró que las personas que reemplazaron una porción de carne roja por una fuente sana de proteínas mostraron un menor riesgo de mortalidad prematura. Entre los que consumían pescado se vio una reducción en el riesgo de morir prematuramente de 7%, los que comían pollo y granos integrales de 14%, frutos secos  de 19%, legumbres de 10%y productos lácteos bajos en grasa de 10%.

Las autoridades sanitarias limitan el consumo de carne roja a 70 gramos al día equivalente a dos filetes medianos a la semana, sin embargo, el nuevo estudio sugiere que esa cantidad es “generosa” y que limitando a 42 gramos al día, esto es un filete semanal, se podrían salvar muchas vidas.

“En el estudio calculamos que 9,3% de las muertes totales de hombres y 7.6% de las de mujeres hubieran podido prevenirse si los participantes hubieran consumido menos de 0,5 de la porción diaria de carne roja que comieron durante el período de investigación” dijo el doctor Frank Hu.

Es por esto que debemos de seguir reduciendo el consumo de estas carnes, lo cual no implica eliminarlas de nuestra dieta. Debemos sustituirlas por otros alimentos que nos aporten los mismos nutrientes beneficiosos de estas, proteínas de alto valor biológico, y que a su vez no contenga los compuestos que incrementan el riesgo de muerte y de padecer enfermedades crónicas.

Estos alimentos sustitutivos, además de carecer de compuestos indeseados pueden aportar otros nutrientes beneficiosos para el bienestar y la prevención de enfermedades,  de los que la carne roja carece, como el omega 3 del pescado, el omega 6 de los frutos secos o el alto contenido de fibra que contienen las legumbres entre otros.

 Fuente: Instituto Tomás Pascual

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