Los problemas psiquiátricos no son sólo cosa de adultos. Los niños también los sufren. Sus padres en muchas ocasiones lo desconocen. También, probablemente, sus pediatras. Pero la realidad es que están enfermos. Hasta un 5% de los menores españoles padece depresión, pero tardan meses, incluso una media de entre dos y tres años en recibir un diagnóstico y, por tanto, tratamiento.

El tiempo que pierde un menor por culpa de padecer depresión es irrecuperable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que en 2020 la enfermedad será la primera causa de años de vida perdidos en niños. Además, tiene un gran impacto a nivel académico, en su crecimiento y desarrollo personal, en sus relaciones interpersonales y familiares.

La razón por la que los menores están viviendo en silencio la depresión y sus consecuencias está en que las señales de alerta que delatan su existencia se desconocen o son mal interpretadas. También porque los pequeños tienen una menor capacidad para comunicar sus emociones o pensamientos negativos. En los niños, lo atípico es la regla. Ellos no manifiestan melancolía, ni tristeza… Se vuelven irritables, impulsivos. Las manifestaciones de la enfermedad van cambiando según el desarrollo evolutivo del pequeño.

España sólo dedica un 5% de sus recursos sanitarios a la enfermedad mental, situándose por debajo de la media de la Unión Europea, que está en el 13%.  El diagnóstico precoz de la depresión en todas las edades ayudaría a la prevención y ahorraría millones de euros al sistema sanitario.

Fuente: El Mundo