Tal y como explican desde la Sociedad Española de Neurología, el calor y las altas temperaturas incrementan el riesgo de cefaleas debido a la dilatación de las arterias y el aumento de la presión atmosférica.

Además, las cefaleas pueden aparecer como consecuencia de una insolación o agotamiento por exceso de actividad y pueden venir acompañadas de nauseas, calambres, hipotensión, visión borrosa, cansancio, sudoración o incluso pérdida de consciencia en el caso de que se produzca un golpe de calor.

La propia intensidad de la luz en verano es otro factor desencadenante de las cefaleas veraniegas, pero quizás el motivo más específico de esta época son los provocados por los estímulos fríos que producen cambios bruscos de la temperatura corporal, bien por la ingesta de una bebida muy fría o de un helado, o por los producidos por el aire acondicionado.

Los cambios en el ritmo vital y de actividad que se producen en vacaciones, así como los desajustes horarios, tanto en comidas como en sueño, tampoco favorecen a los pacientes. Asimismo, los viajes en avión, los cambios de presión, o el estrés, son otros de los motivos que hacen que las cefaleas aumenten en esta época. Y, según un estudio llevado a cabo el pasado año y realizado por departamento de Neurología de la Universidad de Viena, el consumo de alcohol, o el abandono de la cafeína, también pueden provocar la aparición de estos temidos dolores de cabeza.

Fuente: Saludalia