Jornada Verdades y mentiras sobre las dietas de adelgazamiento, D.Gregorio Varela Moreiras

 

El profesor José María Bengoa , uno de los padres de la Nutrición moderna,  decía que entre nuestros  objetivos vitales  está defendernos ante la muerte, la enfermedad y el deterioro de los años; el segundo objetivo vital es alcanzar la belleza y el amor como signos positivos de la vida y no conformarnos con la ausencia de enfermedad sino promover un estado físico y síquico armónico y positivo; y en tercer lugar lograr un bienestar y felicidad social razonable como signos de solidaridad y equidad social.

Hace 45 años en la conferencia de la Casa Blanca sobre Alimentación, Nutrición y Salud se decía “probablemente, en el terreno de la salud de una población, no hay ningún área tan afectada por el engaño y la falsa información como la de la nutrición. El consumidor cae en la trampa   de muchas y burdas imitaciones que le estafan enormes cantidades de dinero, además de redundar en contra de su salud”. Esto lamentablemente sigue siendo válido en los tiempos actuales.

Hay muchos mitos y errores y los ha habido siempre en las diversas culturas de la población mundial  y muchas veces relacionados con las diferentes religiones.  La cultura masai, por ejemplo, mantiene que la alimentación aporta las virtudes de las víctimas. En la costa del oro a los niños se les limita el consumo de huevos porque dicen que se vuelven díscolos y desobedientes o en Sudáfrica que las mujeres no deberían tomar leche porque les provoca esterilidad.  Sin embargo,  en sociedades mucho más avanzadas, educadas e informadas, no solamente nos abrazamos a los mitos de nuestra propia cultura sino también a mitos foráneos.

La gran paradoja
Las dudas, exageraciones, medias verdades y confusiones sobre alimentos y dietas son una constante y ninguno somos ajenos a ellas.    Y además, lo que no ocurre en ninguna otra ciencia, es que a pesar de haber habido un enorme avance en el conocimiento científico de la nutrición hay, sin embargo, más mitos y errores que hace una o dos generaciones.

Para la reflexión…
Hay más información sobre alimentación, nutrición y salud, pero hay muchas más dudas sobre lo que es bueno o malo para comer.  Y sigue habiendo una enorme desconfianza hacia los que nos dan de comer, la industria alimentaria.  Y, sin embargo, hay gran confianza en productos que están muchas veces fuera de la regulación y que no se basan en estudios con evidencia científica.

Hay que recordar que la nutrición no es la única culpable de todo. Por ejemplo hablando de las enfermedades cardiovasculares (las que provocan más mortalidad)  para las que conocemos mejor los factores medioambientales, incluido dieta y estilos de vida, y por tanto que podría ayudarnos a prevenir y tratar esos factores de riesgo.  Hay factores de riesgo modificables (alimentación desequilibrada, sedentarismo, obesidad, tabaquismo, HTA) y no modificables (que son más en número). Por lo tanto lo que debemos hacer es aplicar el sentido común a la hora de leer los mensajes y noticias que pueden aparecer sobre si tal factores de la dieta erradica o evita un evento cardiovascular, porque en el mejor de los casos,  aun conociendo bien estos factores modificables, no nos van a explicar más allá del 70% de los factores de riesgo cardiovasculares. Hay un 30% desconocido, y por eso se sigue investigando.

Información ¿solución o problemas?
El principio de la libertad de expresión debe estar presente en una sociedad libre pero… ¿y en materia de salud? ¿No habría que poner ciertos límites o condicionantes?

La información en materia nutricional proviene de múltiples y variadas fuentes (como internet y redes sociales). En las revistas científicas hay una catalogación con unos índices de impacto y una revisión por parte de académicos y científicos de esos artículos que se van a publicar, pero en el caso de las páginas web no es así.  Por lo que consideramos que por parte de las autoridades se debería hacer una clasificación de las páginas web relacionadas con alimentación y la salud.

Para el correcto ejercicio de la autonomía personal de elección de nuestro alimentos  es necesario que se proteja el derecho del ciudadano a una información veraz, objetiva, actualizada y comprensible y dado que son prácticamente infinitas las posibilidades de acceso a la información no queda otra opción que la especialización de los medios de comunicación más tradicionales hasta los responsables de redes sociales.

Desconocimiento/ indiferencia
La población puede tener un desconocimiento o indiferencia total o parcial hacia los preceptos nutricionales. El nivel medio de la población en cuanto a los principio de nutrición no llega a alcanzar los niveles aceptables y no se es capaz de distinguir entre mensajes nutricionales soportados con la evidencia científica de aquellos que son resultado de charlatanería.

Además la presión publicitaria nos puede llevar a adherirnos a los errores y mitos según la autonomía personal y puede llevar a modificar nuestros hábitos alimentarios. Por ello es fundamental lograr el compromiso de las empresas alimentarias para una promoción responsable, la aplicación de códigos de conducta y la autorregulación.

Contexto socioeconómico
Cada individuo vive en un contexto socioeconómico que va a condicionar, de manera decisiva, que nos decantemos por unos errores o mitos u otros en la alimentación.

Y ¿son más frecuentes los errores y mitos  en una situación de crisis?   ¿Somos más vulnerables o no en nuestros principios nutricionales?

En el Libro Blanco de la Nutrición Española que se presentó en marzo junto con el Ministerio de Sanidad se abordaba en un capítulo el tema de los errores y mitos en alimentación, y concretamente de las amenazas, fortalezas y debilidades en relación con los errores.

Amenazas
-Hay un menoscabo de la salud por mensajes sin fundamento científico que tienen en común la promesa de pérdida rápida de peso, longevidad o incluso mejora de las capacidades cognitivas, memoria, etc.

-La mitificación de las proteínas como base de la alimentación: dentro del conjunto de dietas que se orientan más a consumir un determinado tipo de nutriente, precisamente , sobre las que se hace incidencia en el capítulo del libro blanco de la nutrición es la mitificación de las proteínas.  Y la propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria afirma que no existen pruebas científicas para asociar el consumo de proteínas  con ventajas en el control del peso.

La percepción del riesgo alimentario
Si hablamos de riesgo alimentario en un foro científico no tiene nada que ver con una encuesta a pie de calle, hay diferencias enormes. La mayoría de ingestas de nuestra vida son seguras, sin embargo la percepción de riesgo es bien distinta. La ciencia comprende y define el riesgo de manera bastante diferente, para la ciencia es una realidad objetiva, que se puede medir, controlar, gestionar… frente la percepción de la población socialmente que se comprende de distinto modo por grupos diferentes de personas según su contexto sociocultural.

Mensaje nutricional
Otro hecho fundamental que puede llevar a errores y mitos es el mensaje nutricional. A los que nos dedicamos a nutrición se nos acusa de cambiar el mensaje. Y además el mensaje puede venir de diferentes vías y provocar confusión.

Es necesaria la autocrítica de los que nos dedicamos a alimentación y nutrición. Y reivindicar la palabra “sustituir” frente a la palabra “añadir”. Muchas veces hemos recomendado añadir tal alimento a la dieta, por ejemplo aceite de oliva o nueces… y éstos aportan energía. Por tanto,  cuidado con el mensaje.

Fortalezas
También hay fortalezas:

-Las recomendaciones de los diferentes documentos de consenso.

-La formación de los profesionales.

-En el currículo escolar va a estar la temática de alimentación y nutrición.

-La difusión de mensajes coherentes.

-Acceso a alimentos y variada oferta: tener variedad de productos de la compra en principio es positivo.

-Creciente interés de la población.

La Dieta Mediterránea
¿Somos autónomos o heterónomos? Tenemos cierta tendencia a echar la culpa a los demás.  Pero la autonomía personal es fundamental en los temas de alimentación para no caer en los errores y mitos.

La dieta mediterránea es nuestro gran mensaje nutricional, es nuestro patrimonio. Pero como reflexiona Jesús Contreras, catedrático de Antropología de la Universidad de Barcelona, “no porque vivamos en un país mediterráneo practicamos dieta y estilos de vida mediterráneos”.

Todos conocemos bastante bien los constituyentes básicos de la DM, aunque no tanto lo que contienen, por ejemplo en términos de energía, o cuál es el consumo razonable de esos alimentos.

Además han tenido distinta suerte los alimentos de la DM. Por un lado nueces, aceite de oliva o vino sobre los que se ha investigado mucho y se les ha visto propiedades beneficiosas y casi se declaran como alimentos funcionales. En cambio otros, como las legumbres o el pan son los grandes olvidados.

Dieta vegetariana
En las primeras publicaciones científicas sobre patrones de dieta vegetarianas se afirmaba que las personas que seguían una dieta mayoritariamente vegetariana lo hacían porque no tenían opción de tomar carne (y además se decía que eran países en desarrollo e incluso era un ejemplo anti sistema).

En los últimos años ha habido un cambio espectacular y al analizar grupos de alimentos y patologías relacionadas con la alimentación se ve en conjunto que el grupo de frutas, verduras, cereales y legumbres es el que se asocia con salud.

Errores sociales en alimentación
Ha habido cambios espectaculares en nuestras vidas, formas de trabajo y también en las formas de comer. Además hay nuevas formas y espacios para comer. La DM no es solamente lo que se come sino cómo se come, compartiendo y socializando. Pero actualmente se come aislado, frente a una pantalla y probablemente estas nuevas formas de comer nos están llevando a más errores en nuestra elección de alimentos.

Vitaminas
En cuanto a los nutrientes, las vitaminas son las que más mitos y errores acumulan. Incluso se han añadido vitaminas falsas o pseudovitaminas a la lista de vitaminas probadas científicamente.

En el caso de la vitamina C se necesitan 60 mg/d pero se llegó a decir que necesitábamos 2300 mg/d. Simplemente decir que si consumimos 2-3 kilos de comida diaria para ingerir esta cantidad de vitamina C deberíamos tomar entre 10 y 20 kilos al día.

Las vitaminas son nutrientes que no aportan energía y por tanto no engordan, este también es uno de los errores más frecuente.

Los alimentos no son medicamentos (en los que prima la función sobre el gusto y el placer).

También hay una tendencia a volver al crudismo y sin entrar en temas de higiene y seguridad alimentaria es un error que puede tener consecuencias graves en ese sentido.

Alimentos mitificados
Un ejemplo es la miel. La composición de la miel es 70% de glúcidos y el resto agua con unos pocos aminoácidos, vitaminas y minerales. Se puede tomar, si nos gusta, pero en cantidades moderadas porque aporta mucha energía.

El vinagre de sidra es parecido al de vino pero más caro y procede de la manzana pero en cuanto a características nutricionales prácticamente no hay diferencia.

Otros ejemplos de alimentos mitificados son las bayas de sauco,  la jalea real (que es la responsable de que una larva de abeja se transforme en reina de una colmena), el ginseng o el ajo y la cebolla.

Más errores
El pan engorda (en realidad engorda lo que acompañamos con el pan), la fruta como postre engorda, beber agua entre las comidas engorda, lo light adelgaza (dependerá del producto).

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz