Muchas madres y padres asocian el verano a una cierta permisividad en la alimentación de sus hijos. Es cierto que en esta época el cuerpo necesita menos calorías, pero eso no significa que tenga que comer menos cantidad, sino diferente.

Consejos:

– Evitar comidas grasas o que dificulten la digestión. Este tipo de alimentos no deberían sobrepasar el 30% de lo que ingiere el niño al día. Recuerda también que en verano nuestros hijos querrán bañarse en piscinas o playas, y este tipo de comidas copiosas nos obligarán a extremar las precauciones en el tiempo de digestión.

Hidratos de carbono. Para contrarrestar el resto de la alimentación es importante que en torno al 60% de la comida del niño sean hidratos de carbono. Podemos encontrarlos en alimentos como el arroz (la paella tan típica en verano), pan, cereales, guisantes, frutos secos, etc.

– Evitar la deshidratación. Por un lado tenemos que controlar que nuestros hijos beban el agua suficiente ya que son más sensibles que nosotros a los golpes de calor. Con respecto a la comida, debemos centrarnos en que ingieran todo tipo de frutas típicas del verano, que poseen una gran concentración de agua en su composición. Un remedio efectivo es prepararles batidos o zumos.

Desayunos y meriendas. Es muy importante empezar el día con un buen desayuno compuesto de leche, zumo, frutas y cereales. Con respecto a la merienda, incluye además del zumo y las frutas, algún bocadillo o sándwich.

Precauciones:

– Almacena los alimentos tapados y refrigerados, para evitar que se estropeen y puedan causar alguna intoxicación en nuestros hijos.

Lava muy bien las frutas

– Si nos trasladamos a otro lugar, evita que tu hijo beba agua del grifo, compra agua mineral embotellada.

– Alimentos más susceptibles como la mayonesa o el propio huevo deben consumirse en el momento de ser cocinados

– Si viajas al extranjero intenta que tu hijo no pruebe comidas exóticas, ya que pueden provocarle gastroenteritis.

Fuente: Para saber