En las temporadas de altas temperaturas es un tema recurrente la hidratación del cuerpo, no solo por una cuestión de dieta saludable, sino como componente indispensable para el cuerpo. Pero, ¿qué pasa en invierno y en estas olas de frío?

Aunque nos parezca menos evidente, en invierno también sudamos. Las altas temperaturas originadas por la calefacción -excesivamente alta en los lugares de trabajo y en el transporte público, por ejemplo- y el exceso de ropa, provocan una pérdida de líquidos importante, aunque mucho menos notoria que en verano.

No existe ninguna indicación médica que permita disminuir el consumo de líquidos diarios (que en promedio debe ser de dos litros) a pesar de las bajas temperaturas, ya que el cuerpo humano sigue requiriendo del agua para su funcionamiento. Es evidente que cuando hace frío se hace más complicado beberla, pero no debemos perder de vista una serie de alternativas más agradables para las bajas temperaturas: infusiones naturales de hierbas (evitando aquellas que tengan un efecto diurético), agua del tiempo, caldos hechos en casa (de verduras, de pollo, de carne…), sopas de verduras, leche, zumos de frutas y de verduras -que además aportan una importante dosis de vitaminas y minerales, esenciales para las defensas-, bebidas de soja, etc.

Mucho cuidado con solo incluir el café, el té, el vino o la cerveza dentro de los líquidos diarios, porque ellos suelen tener efectos diuréticos y, a la larga, la ingesta de agua puede ser igual o mayor que la pérdida de líquido. Lo más recomendable es alternar el consumo de este tipo de bebidas con las mencionadas en el párrafo anterior, de forma que se puedan compensar. Es importante mantener siempre una hidratación adecuada, ya que no solo lo agradece el cuerpo en su interior, sino también la piel, otra gran afectada por el frío.