Comer bien es importante a cualquier edad. La buena nutrición influye sobre la calidad de vida, ayudándonos a mantenernos sanos y acelerando el proceso de curación cuando aparece una enfermedad. Lamentablemente, muchos adultos, sobre todo los de edad avanzada, no obtienen la nutrición que necesitan. La capacidad para llevar a cabo un acto tan natural como alimentarse diariamente puede ser un grave problema e incluso puede verse comprometida en muchos casos.

Desde un punto de vista fisiológico la principal caracerística del envejecimiento es la pérdida progresiva de masa corporal magra, así como cambios en la mayoría de los sistemas corporales, lo que se traduce en una menor capacidad de adaptación del organismo a cambios internos y externos y por tanto en una mayor susceptibilidad frente a situaciones de estrés físico y psíquico.

A medida que se envejece las papilas gustativas cambian por lo que los sentidos del gusto y el olfato varían y se perciben sabores diferentes. De igual modo, es importante vigilar que los procesos demasticación y deglución se realicen de forma adecuada. La dificultad de comer en las personas mayores por problemas en la masticación origina cierta tendencia a eliminar ciertos alimentos del menú diario, como la carne. La dificultad de comer se resuelve fácilmente mediante purés: verdura, carnes y pescados serán los ingredientes estrella de un primer plato.

Por tanto, la adopción de un estilo de vida saludable (entre los que se incluyen no fumar, mantener un peso corporal adecuado, controlar la presión arterial y realizar actividad física de forma regular) se asocia no solamente con un aumento de la supervivencia, sino también con una buena calidad de vida.

Necesidades de hidratos de carbono

Los hidratos de carbono más adecuados para los mayores son los complejos, presentes en legumbres, hortalizas y verduras. La digestión es mucho más lenta: aportan sobre todo almidón, liberan la energía de forma gradual y por tanto no se producen altibajos de hiper e hipoinsulinemia.

Se establece un requerimiento medio estimado de 100 g y una ingesta dietética recomendada de 130g, considerada como la  cantidad mínima de hidratos de carbono para mantener la función del cerebro. Se recomienda, como en otros grupos de edad, que los hidratos de carbono aporten el mayor porcentaje de energía total consumida, en una proporción entre el 50-60% del aporte energético.

Necesidades de proteínas

Las IR de proteínas para la población española son de 54 g para hombres y 41 g/día para mujeres. Sin embargo estas necesidades aumentan cuando hay infecciones, así comoalteraciones gastrointestinales que reducen su utilización. Es importante la cantidad y la calidad de las proteínas, ya que estas deben suministrar los aminoácidos esenciales y en las cantidades adecuadas.

La ingesta de proteínas debe ser menor en caso de alteraciones hepáticas o renales, para ajusarla a la capacidad metabólica del hígado o del riñón.

Necesidades de lípidos

En el caso de los lípidos, deben aportar menos del 30% de la energía de la dieta. Se recomienda limitar la ingesta de ácidos grasos saturados y aumentar sobre todo la de los ácidos grasos poliinsaturados de la familia n-3.

Las necesidades de vitaminas, minerales y  fibra en la parte II.

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz