Diversos estudios indican la importancia de una nutrición adecuada en el mayor como medio para regular el funcionamiento del sitema inmunológico, y la influencia de distintos micronutrientes, tales como el ácido fólico, las vitaminas B12 y B6, la vitamina D, las vitaminas antioxidantes C y E, el calcio, el zinc y el hierro.

El papel de la vitamina B6, junto con el ácido fólico y la vitamina B12, en la regulación de los niveles de homocisteína, está relacionada con el riesgo cardiovascular. Se recomienda una ingesta de vitamina B6 y B12 de 2 mg/día y de 400 microgramos /día de ácido fólico. Existe una alta prevalencia de déficit de vitamina D en la población mayor, ya que por una parte, la vitamina D se encuentra presente en pocos alimentos, lo que puede provocar con el consumo de dietas monótonas una menor ingesta. Por otra parte, la exposición al sol del mayor está claramente disminuída.

Las ingestas de referencia son en la actualidad de 10 microgramos/día para los que tienen entre 51 y 70 años, y de 15 microgramos/día para los mayores de 70 años, siempre que la exposición al sol no sea adecuada.

El calcio es uno de los macronutrientes más deficitarios en el anciano. Su absorción activa disminuye con la edad.Las necesidades de calcio para el anciano se sitúan alrededor de 800 a 1200 mg/día aunque, para este grupo de edad, hay fuentes que recomiendan que la ingestión se eleve hasta 1500 mg/día en la mujer posmenopáusica, y siempre acompañadas de un aporte de vitamina D. La deficiencia de calcio es un factor que contribuye a la osteoporosis y, por tanto, un aumento en la ingestión de este mineral puede retardar la pérdida de masa ósea. En la dieta, la leche y productos lácteos son las mejores fuentes de calcio.

Las actuales ingestas de referencia para el hierro son de 8 mg/día para ambos sexos. La deficiencia dietética de hierro es bastante rara en  personas mayores, y cuando se detecta suele ser debida a pérdidas sanguíneas por el tracto gastrointestinalcausadas por algunas enfermedades crónicas, a una menor absorción de hierro no hemo, a la aclorhidria o hipoclorhidria que se da en la gastritis atrófica, o al uso de fármacos antiácidos.

Debido a que el zinc está ligado a numerosas enzimas y participa en numerosas funciones, entre ellas inmunológicas, es posible que un déficit de este elemento esté relacionado con una cierta depresión de la función inmunológica en el mayor. Por otra parte, la deficiencia de este elemento se ha relacionado con una menor capacidad de cicatrización de las heridas con pérdida de sensibilidad gustativa y olfativa (hipogeusia, hiposmia).

El papel de la fibra

En el caso del mayor esto está aun más justificado ya que en él, por disminución de la actividad física, una hidratación insuficiente y pérdida de motilidad intestinal, tienden a presentarse con mucha frecuencia problemas de estreñimiento o diverticulosis. En cuanto al tipo de fibra, es recomendable equilibrar el consumo de fibra soluble (frutas, frutos secos, leguminosas), con el de fibra insoluble ( cereles integrales o verduras). Hay que acompañar la ingesta de fibra con un consumo de agua abundante. Se recomienda un consumo de 25-30 g diarios.

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz