La nutrición, especialmente durante la adolescencia, tiene gran importancia en la regulación del crecimiento y mineralización del esqueleto.Los objetivos nutricionales durante la adolescencia se deben ajustar a la velocidad de crecimiento, al estado de maduración puberal y a los cambios en la composición corporal que se producen durante este periodo de la vida. Las necesidades nutricionales difieren según el sexo y el grado de madurez. Dichas necesidades guardan mayor relación con el grado de desarrollo puberal que con la edad cronológica. En general, debido a las tasas de crecimiento y desarrollo típicas de la adolescencia, las necesidades nutricionales son considerablemente superiores a las de los niños y a las de los individuos adultos.

Un aporte insuficiente de nutrientes inhibe la secreción de gonadotropinas, impidiendo o retrasando la aparición del desarrollo puberal, y condicionado incluso una menor ganancia de altura durante esa época de la vida.

Adémás del aumento en los requerimientos energéticos, también se producen mayores necesidades en aquellos  nutrientes implicados en la acreción tisular, como son nitrógeno, hierro y calcio. Los requerimientos de tiamina, riboflavina y niacina experimentan también un incremento, puesto que intervienen en el metabolismo intermediario de los hidratos de carbono.

También son más altas las demandas de vitamina B12, ácido fólico y vitamina B6, necesarias para la síntesis normal de ácidos nucleicos y para el metabolismo proteico. El rápido crecimiento óseo exige cantidades elevadas de vitamina D y calcio, y para mantener la normalidad estructural y funcional de las nuevas células se requieren mayores cantidades de vitamina C, A y E.

En general, se recomienda comer la mayor variedad posible de alimentos y guardar un equilibrio energético entre lo que se ingiere y la actividad física que se realiza.

A la hora de elegir alimentos, la diete debe ser abundante en cereales, verduras y frutas, pobre en grasa total, grasa saturada y sal, y debe suministrar calcio, hierro y otros oligoelementos y vitaminas en las cantidades necesarias para satisfacer los requerimientos de un organismo en crecimiento.

Por otro lado , se deben establecer hábitos alimentarios que promocionen la salud a corto, medio y largo plazo.

La actitud del adolescente sobre el control de su propia ingesta, así como los riesgos nutricionales a largo plazo  derivados y relacionados con la dieta, deberían tenerse en cuenta en la planificación del modelo educacional. Un numeroso grupo de adolescentes, interesados por una imagen corporal acorde con los ideales actuales, realizan dietas restrictivas y desequilibradas sin ninguna base nutricional y que aumentan el riesgo de aparición de alteraciones del comportamiento alimentario, frustración y problemas nutricionales por la escasa ingesta de nutrientes. Otros piensan que la dieta perfecta es la dieta divertida, de comida rápida, atractiva y de alta densidad energética.

No hay que olvidar la práctica de ejercicio físico varias veces por semana y de un mínimo de actividad diaria qeu aseguren un buen balance energético. Hábitos alimentarios y de actividad física inadecuados aumentan el riesgo de aparición de diversas enfermedades: obesidad, osteoporosis, algunos cánceres, dislipemias, alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono e hipertensión arterial, entre otras.

La falta de actividad física se produce por un desconocimiento de los beneficios asociados a la práctica de actividad física, la falta de motivación, la falta de tiempo y , en muchos casos , la falta de instalaciones adecuadas. Es por tanto importante practicar y reforzar aquellas actividades ordinarias como caminar habitualmente, subir y bajar escaleras, etc.

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz