La práctica de deporte como principio elemental de una vida sana debe complementarse con una nutrición adecuada al tipo de ejercicio a realizar. La alimentación diaria influye de forma muy significativa en el rendimiento físico del deportista, ya que el metabolismo debe adaptarse a las nuevas necesidades del organismo porque el consumo de nutrientes es mucho mayor. Una dieta adecuada, en términos de calidad y cantidad, antes, durante y después del entrenamiento y de la competición es imprescindible para optimizar este rendimiento físico, además de una correcta hidratación.

Componentes esenciales de la dieta del deportista

La dieta de la persona que practica deporte de forma habitual debe componerse de todo tipo de nutrientes combinados en la forma adecuada para garantizar tanto la seguridad como el máximo aprovechamiento de los recursos energéticos.La ingesta de alimentos debe atender en primer lugar las necesidades nutricionales de la persona de acuerdo a su edad, sexo, actividad diaria y composición corporal, y a éstas adicionarles los requerimientos particulares de la práctica deportiva, intensidad y tipo de actividad, duración del ejercicio y temperatura ambiente. La selección de alimentos que cubra las necesidades energéticas del individuo con una actividad deportiva regular, debe contemplar también la distribución proporcional de los nutrientes en ella. La energía para la actividad física depende en la mayoría de los casos de los depósitos de glucógeno muscular, de parte del glucógeno hepático y de la grasa adiposa. Asimismo, depende de la gluconeogénesis hepática cuando se han acabado las reservas de glucógeno.

Necesidades de hidratos de carbono

Constituyen el principal combustible para el músculo durante la práctica de actividad física, por ello es muy importante consumir una dieta rica en hidratos de carbono, que en el deportista  deben suponer alrededor de un 60-65% del total de la energía del día.

La utilización relativa de hidratos de carbono y grasa como combustible durante el ejercicio dependen fundamentalmente de la intensidad y duración de la actividad física, aunque también se relaciona con la forma física o entrenamiento de los sujetos o con su estado  nutricional. En general, la utilización de hidratos de carbono aumenta con la intensidad del ejercicio y disminuye con la duración del mismo.

-Durante ejercicio de alta intensidad y corta duración, el glucógeno muscular almacenado y la glucosa sanguínea son los principales suministradores de energía, mediante la vía de la glucólisis anaeróbica.

-A  medida que la intensidad se reduce y aumenta la duración, los lípidos se convierten en la fuente principal de combustible por el sistema aeróbico.

Fuente: Instituto Tomás Pascual Sanz