Hay que distinguir entre dos tipos de comportamientos: los que queremos que desaparezcan y los que queremos fomentar.

Hay que programar cuatro objetivos para cada mes: obedecer a la primera, acabarse la comida del plato, apagar la tele cuando toca, hacer los deberes, etc, combinando los que más le cuestan con los que le puedan resultar más sencillos. Cada vez que lo haga bien y sin protestar conseguirá una pegatina. Cuando consiga una línea de pegatinas, si son muy pequeños, o quince seguidas, si son más mayores, conseguirán un “premio”. Pero, atención a que los premios no sean materiales. No se trata de comprarles juguetes o “chuches”, sino de que ese fin de semana sean los reyes de la casa y, como tales, puedan elegir la película que veremos todos juntos o si prefiere ir en bici o al “chiqui-park”.

No hay que ceder a sus chantajes, pero sí hacerles más caso si se comportan bien. Pensemos que, muy a menudo, cuando ellos están entretenidos jugando tranquilamente, nosotros les dejamos y nos vamos a acabar de hacer todo aquello que tenemos pendiente. Sólo les hacemos caso cuando se portan mal. En el momento que nos montan una pataleta, dejamos todo lo que nos traemos entre manos para reñirles y sólo tenemos ojos para ellos. Este tipo de atención es negativa, pero el niño consigue lo que quiere. Con nuestro método vamos a invertir los papeles y a hacerles caso siempre de forma positiva, poniéndoles unos límites muy claros.

Fuente: Para saber