A principio de los años noventa del siglo pasado (1993), el equipo de investigación de Harrison Pope describió un trastorno relacionado con la imagen corporal mientras estudiaban los efectos secundarios del uso de anabolizantes en un grupo de fisioculturistas. A pesar de poseer cuerpos con una musculatura muy desarrollada, la conducta de estos individuos parecía estar fuertemente motivada por un intenso miedo a tener un cuerpo pequeño y débil. La percepción del propio cuerpo aparecía distorsionada, constatando una fuerte tendencia a estimar su silueta como mucho menos voluminosa de lo que realmente era.

Podrá encontrar más información en Cuaderno de Recursos nº 5.