Desde hace años se ha dado inmensa importancia a la calidad de la grasa de nuestra dieta, por ello, dentro de los consejos dietéticos figura el perfil de ácidos grasos recomendado.

Este perfil resalta la importancia de mantener una dieta rica en ácidos grasos mono y poliinsaturados.  El segundo grupo incluye la familia omega 3, según las recomendaciones deberíamos de consumir entre 0,2 y 2 gramos al día de este tipo de ácido graso poliinsaturado.

Esta cantidad de omega 3 lo podemos obtener con el consumo de 2 o 3 raciones de pescado a la semana, principalmente, procedente de pescados grasos como son la trucha, el arenque, salmón, sardina, incluso la caballa. La diferencia entre la grasa del pescado y de la carne de animales de sangre caliente, es que la del pescado está formada por ácidos grasos de cadena más larga y muy insaturados, como son el ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentanoico (EPA).

Ya era conocido el importante papel de estos ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga en la prevención de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, pero ahora sabemos que no sólo protege el corazón sino también el envejecimiento del cerebro.

El artículo publicado en la revista “Neurology” explica el estudio de corte realizado por  Zaldy Tan de la Universidad de California, en un grupo de 1575 personas de  edades comprendidas entre 58 y 76 años, en el que se asocia el nivel de DHA y EPA en los glóbulos rojos con imágenes subclínicas y los marcadores cognitivos de riesgo de demencia.

Los resultados  concluyen que los individuos con niveles más bajos de DHA en glóbulos rojos están asociados a cerebros con menor volumen en comparación con los que tienen alto nivel del mismo. Además los participantes con bajos niveles de ambos tipos de ácidos grasos omega 3, obtuvieron calificaciones más bajas en las pruebas de memoria visual y función ejecutiva, tales como la resolución de problemas.