No, no se trata de cogernos más semanas fuera del trabajo, la escuela o los deberes habituales -aunque a todos nos gustaría-. Se trata de mantener durante todo el año algunos hábitos más saludables que solemos adquirir durante el verano: un mayor consumo de frutas y/o verduras, mayor frecuencia en la realización de alguna actividad física (deportes en el agua, paseos en bicicleta, caminar, etc.), dormir la cantidad de horas recomendada (uno de los principales factores que nos permiten mantener nuestro cuerpo y nuestra mente en vuen estado), entre otros.

Si conseguimos incorporar alguno de estos hábitos en el regreso a la realidad después del verano, nos permitirá mantener vivo el espíritu de las vacaciones, consolidar las buenas costumbres alimentarias y un equilibrio en la ingesta diaria; enfrentar de mejor manera los últimos meses del año y los excesos que todos, en mayor o menor grado, cometemos en las fiestas. El plan bikini o cualquier medida que queramos tomar para el próximo verano, será mucho menos doloroso si durante los meses de otoño-invierno logramos mantener un orden no solo en la alimentación, sino también en el trabajo de nuestro cuerpo, pero todo en su justa medida y, ojalá siempre, bajo la supervisión de un especialista. Ya lo decían las abuelas: cualquier exceso es malo.

De momento, podemos empezar por pensar en vida sana, en buenos hábitos e incorporar a toda la familia en ellos. ¡Qué vivan las vacaciones!